Nunca ejerció un cargo legislativo. Pero su debut en ese poder del Estado será, nada más ni nada menos, que como titular del Senado nacional.
El vicepresidente electo Amado Boudou era, hasta hace unos años, un perfecto desconocido para la mayoría de la gente.
Su llegada a la Anses primero y al ministerio de Economía después, le posibilitaron un lugar de privilegio en el entorno presidencial. Cuando lo presentó como su compañero de fórmula, Cristina explicó que encontró en él “lealtad” y “valentía”.
Le dicen Aimé (pronúnciese “Emé”), que es la traducción de su nombre al francés. Nació en Capital Federal el 19 de noviembre de 1963 pero a los cinco años su familia se mudó a Mar del Plata. Por eso él siente como propia esa ciudad.
En la Universidad Nacional de la “Feliz” estudió Economía y tuvo militancia estudiantil en la UCeDé.
En los años 80 estuvo muy ligado a la música, su pasión. Organizó recitales en la costa, fue tarjetero de algunos boliches y disc jockey en otros. Aún hoy suele cambiar las corbatas por la campera de cuero y la guitarra. Primero era casi un secreto para amigos. Al final, terminó siendo una herramienta de campaña para conectarse con los jóvenes y transmitir una imagen fresca y descontracturada.
Dicen que fue el autor intelectual de la jugada de estatizar el sistema de jubilaciones privadas. Lo que significó una formidable inyección de plata fresca a las arcas oficiales. Y le dio chapa de corajudo en el microclima oficialista.
Antes, en Anses, había escalado posiciones por su cercanía con Sergio Massa, que fue su titular durante varios años y hoy es intendente de Tigre. Eran inseparables, pero luego de que Boudou lo reemplazara, aquella amistad quedó desdibujada.
Con fama de seductor, está de novio con una bella y joven periodista.
Y la Presidenta confía ciegamente en él. Y tiene cierta empatía con los ascendentes muchachos de La Cámpora.
Fuente: El Día (La Plata)











