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Jueves - 13 de Marzo de 2014 11:58
Francisco, el Papa que calma las aguas

A menos de una semana de cumplir el primer año desde su asunción como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica(un día como hoy lo elegían) Jorge Bergoglio no pasó inadvertido sino que con su humildad, valores y simpatía consiguió fortalecer el camino de la fe y ganarse el respeto de quienes lo denostaron.

El 19 de marzo de 2013 el Papa Francisco, de formación jesuita se subía a un balcón ante la alegría de algunos y la mira teledirigida a su cien de otros. A partir de ahí se alejó de algunos lujos protocolares, rompió esquemas y con su sencillez comenzó a ganar corazones.

Ilustres presencias lo han visitado, entre ellas, la presidente de la Nación Cristina Fernández, quien le había negado 14 audiencias cuando el sacerdote ejercía su cargo como obispo en Buenos Aires. Más precisamente, el 17 volverá a recibirla.

El reconocido hincha y socio de San Lorenzo de Almagro lució una informalidad y cercanía a la gente muy poco habitual que se tradujo en un despertar de la pasión de la fe en muchas personas.

“Quiero una juventud que haga lío, que se mueva, que vaya para adelante, que no mire y actúe”, se dirigió en julio ante millones de jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud organizada en Río de Janeiro.

Más tarde, con un pensamiento firme y autocrítico expresó que “actuaría con decisión contra los casos de abuso sexual en el seno de la Iglesia Católica”. Acto seguido, endureció penas a la pedofilia y aprobó la reforma del sistema penal en el Vaticano.

El mes pasado creó la Secretaría de Economía del Vaticano con el objetivo de englobar todas las actividades económicas y financieras de la Santa Sede. Agregó transparencia y tocó temas muy cuestionados, sobre todo en Argentina.

Socialmente fue el gran impacto del 2013. Por cómo se dirige a la gente, por su humildad, su servicio permanente, por ser un ejemplo de ser humano. Tal es así que fue considerado “Persona del Año” por la revista Time, una de las más influyentes a nivel global. Ahora, es uno de los candidatos al Premio Nobel de la Paz.

El año del Papa Francisco se vivió con mucha intensidad, dentro y fuera de la Iglesia. Con parsimonia mostró un camino y, sin dudas, calmó aguas revueltas.