Por Adrián Freijo
Periodista
Apenas concluido el proceso electoral hablábamos de la necesidad de que el diálogo se convirtiese en una constante para los nuevos tiempos políticos que comenzaban. En Mar del Plata, donde el cambio de escenario era muy notorio, esto se volvía una obligación de responsabilidad institucional que a nuestro juicio condicionaba el futuro de la gobernabilidad.
Nada de eso ocurrió y ahora las luces amarillas se encienden anunciando peligros cuyas consecuencias son hoy difíciles de sospechar. Los antecedentes de Russak, Aprile y Katz deberían mover a los protagonistas a la reflexión.
En un país que a treinta años de recuperar la democracia no ha logrado evitar el final traumático de sus gobiernos, Mar del Plata no es la excepción.
Muy por el contrario nuestra ciudad ha ido sumando gobiernos cuya culminación debería hacer pensar acerca de que algo se está haciendo mal en materia de cuidar la institucionalidad.
Russak escapándose por la puerta de atrás días antes de entregar el mandato, Aprile abandonando el poder en la mitad de su segundo periodo luego de haber logrado el 62% de los votos ciudadanos apenas dos años antes o el propio Katz dejando el despacho principal horas antes del traspaso son ejemplos demostrativos de lo que decimos.
Y en todos los casos hay una constante que seguramente es el punto a analizar: períodos de mayoría absoluta en el Concejo Deliberante –siempre utilizados con una displicencia demasiado parecida al autoritarismo- seguidos de gobierno en minoría en los que la oposición les cobró aquella soberbia cuantitativa.
El escenario vuelve a presentarse ahora y las últimas semanas no dan para demasiado optimismo…
La victoria electoral de Vilma Baragiola quebró la hegemonía de Acción Marplatense y ahora el intendente Gustavo Pulti debe acostumbrarse a gobernar en minoría. A lo que se agrega un insólito adelantamiento del tiempo electoral, con la lógica consecuencia de un recalentamiento en la acción política que nada tiene que ver con las urgencias cotidianas de la gente.
Todo es especulación, todo cálculo y todo fragor, en momentos en los que la serenidad y la altura de miras deben ocupar el centro de la escena.
Pero a esta falta de grandeza política se le suma ahora la costumbre de denunciar permanentemente actos de corrupción que luego raramente se comprueban.
Por estas horas la titular del HCD está siendo blanco de una lluvia de imputaciones que no es difícil advertir como jugadas políticas de la más baja estofa y pergeñadas por personajes marginales de la vida política y/o sindical de la ciudad.
¿Está Acción Marplatense detrás de esta torpe escena?, y de ser así ¿creen sus dirigentes que de esta manera van a recuperar el apoyo ciudadano?.
La sensación que tenemos aquellos que no pensamos la política como el reino de las miserias es que este cruce de encastres no lleva a otro escenario que no sea el que citábamos al principio de esta nota y que nadie en sus cabales puede tener ganas de repetir.
Gustavo Pulti ha llevado adelante una intensa gestión de gobierno –con alianzas políticas que la ciudadanía no aceptó y que terminaron por pasarle dura factura- resolviendo muchos de los problemas que Mar del Plata arrastraba desde hace décadas y Vilma Baragiola lleva ya mucho tiempo batallando y dando ejemplos de coherencia ideológica y sosteniendo sus convicciones de forma tal que muchas veces la empujaron a derrotas tan duras como dulce es su triunfo actual.
Pero son los dos dirigentes más importantes que tiene la ciudad y es un disparate que en estos tiempos difíciles se enfrenten en un terreno tan mugriento como incongruente.
Si el fragor surge de sus propias decisiones, están equivocados y ambos pagarán el precio de ese error.
Pero si como sospechamos nace de la eterna mediocridad de los amanuenses de turno, sería bueno que ambos líderes se sentaran, conversaran maduramente y llegasen a acuerdos que permitan poner límite a tanta sinrazón, asegurando a Mar del Plata un tiempo que no plantee riesgo institucional alguno.
Ambos llegaron a capitanes por mérito propio; sería bueno que no pelearan por comandar el Titanic…
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.











