Por Facundo Apache Villalba
Dirigente del Movimiento Evita
Cada tanto irrumpe en la agenda pública algún conflicto que vuelve a exponer la grave situación social y laboral que atraviesa nuestra ciudad. Esta vez fue el violento desalojo de la feria de playa Bristol.
Estos episodios suelen abordarse desde una mirada efectista y punitiva que, lejos de resolver los problemas de fondo, los agrava.
Lo ocurrido en la Bristol expresa una realidad estructural de Mar del Plata: una ciudad con enorme potencial productivo, pero que cerró 2025 con 9,5% de desocupación, es decir unas 33.000 personas sin trabajo, otras 43.000 subocupadas, vecinos que trabajan menos horas de las que necesitan.
Detrás de cada puesto derribado hay historias de esfuerzo, familias enteras y personas que todos los días se inventan su propio trabajo frente a la falta de oportunidades. Nadie elige la informalidad como proyecto de vida: muchas veces es la única respuesta posible cuando el empleo formal no alcanza. De hecho, cerca del 43% de las personas ocupadas en Argentina trabajan en condiciones de informalidad, es decir, sin aportes jubilatorios ni cobertura plena de derechos laborales.
Por eso, cuando el Estado solo aparece para perseguir, llega tarde y llega mal.
Una ciudad moderna necesita orden, pero también inteligencia. Necesita reglas claras, planificación y sensibilidad social. No se trata de elegir entre desorden o represión. Se trata de construir soluciones duraderas.
Hay otro camino posible: impulsar políticas públicas que permitan organizar estas actividades, registrar a los trabajadores, generar espacios adecuados de comercialización, promover capacitaciones y facilitar herramientas de formalización progresiva que promuevan una justa distribución de cargas y derechos. También es necesario construir acuerdos entre comerciantes, trabajadores, municipio y los distintos niveles del Estado.
Mar del Plata necesita dejar atrás debates superficiales y animarse a discutir en serio cómo generar empleo, cómo acompaña al que trabaja y cómo integra a quienes hoy quedaron afuera.
La economía popular existe. Negarla no la hace desaparecer. Lo responsable es reconocerla, ordenarla e incorporarla a una estrategia de desarrollo local.
Si queremos una ciudad con más oportunidades, más inversión y más trabajo, tenemos que empezar por entender algo básico: ningún marplatense sobra y todo vecino que trabaja merece respeto, reglas claras y una oportunidad para crecer.
Ese es el desafío de los próximos años: pasar de la reacción permanente a la planificación, de los parches a las políticas públicas y de los conflictos repetidos a una ciudad que vuelva a generar trabajo, que ordene con inteligencia y actúe con sensibilidad social.
Aclaración: La opinión vertida en este espacio no siempre coincide con el pensamiento de la Dirección General.










