Cazador de
Noticias
Martes - 31 de Julio de 2007 09:24Por Claudia Alejandra Rodríguez*
Medallistas argentinos “de primera y de segunda”

Los Juegos Panamericanos muestran cada cuatro años, la realidad del deporte argentino, que -medallas más o menos- no se modifica en lo profundo. Mientras no se implemente una adecuada política de Estado, la Argentina seguirá subsistiendo en el medallero con el esfuerzo individual de los deportistas que “con garra y corazón” suben al podio...

Cada cuatro años, muchos de los deportistas amateur argentinos tienen la oportunidad de declarar por los medios lo que sufren a diario en la soledad del entrenamiento, y se nota que algunos hasta quieren justificarse por no conseguir subirse en lo más alto del podio. Es que en un país tan exitista como el nuestro es difícil zafarse de la presión…

Pero la verdad es que, por el apoyo que reciben, en algunos casos, las preseas de oro, plata o bronce se trasforman en un logro épico; claro que no debería ser así, porque no son más que competencias deportivas.
.
Ese último simplismo tampoco es justo. Las competencias continentales como los Juegos Olímpicos y Panamericanos son utilizados por los gobernantes para muchas cosas, como lo hizo la Junta Militar con el Mundial de Fútbol del ’78, y así los deportistas quedan en el medio de esos intereses.

Los Panamericanos de Río de Janeiro reflejan en algo a la sociedad argentina, las diferencias no sólo de apoyo económico que las distintas selecciones reciben para su preparación, sino también de la difusión de su participación, espacios en los medios radiales, televisivos y gráficos, atención de los máximos dirigentes del Comité Olímpico Argentino y Secretaria de Deportes, justificación de fracasos y valorización de éxitos, ponen de manifiesto que la comunidad deportiva nacional tiene un sector de primera y otro de segunda.

Es en la época de realización de los Juegos cuando, inevitablemente se hacen comparaciones, porque los deportistas de otros países y el propio conviven varios días en la villa panamericana y es allí cuando queda al descubierto la realidad.

Porque en competencia, la cosa es distinta, en acción los atletas argentinos se igualan en el espíritu. Es entonces cuando se pone de manifiesto la garra y el corazón de los representantes nacionales que los caracteriza, los distingue en el mundo, la habilidad para transformar una situación desfavorable en una oportunidad, el virtuosismo criollo, los raptos de genialidades y una serie de condiciones que se resaltan como muy positivas, y lo son, pero no se puede negar tampoco que para un grupo aparecen como la única herramienta que tienen a mano para sacar de la galera resultados.

Esta particularidad - de la que nos enorgullecemos tanto – es producto de la necesidad de improvisar, ya que varias selecciones nacionales llegan a estas instancias trascendentes para la carrera deportiva de cualquier atleta, sin haber atravesado ningún proceso de planificación, sin haber contado con el aval del estado nacional que debe garantizar la mejor representatividad si tanto le preocupa el lugar en el medallero.

No hay dudas que el presupuesto que cada país destina al desarrollo del deporte es una muestra clara del interés real que representa en la agenda política, y en Argentina los recursos son escasos pero no es un descubrimiento que la dirigencia, funcionarios, entrenadores, técnicos y demás hacen cuando las competencias están en marcha.

El deporte nacional sufre la escasez, la ineficacia e inequidad de la distribución de los magros recursos, lo que provoca las diferencias.

El lugar en el medallero otra vez lo salvó el espíritu de los deportistas (los de primera y los de segunda), al deporte argentino no lo salvó nadie.

* Concejala de Acción Marplatense